miércoles 21 de marzo de 2012

WATCHIE: UN RELOJ CON GPS PARA NO PERDER DE VISTA A NUESTROS FAMILIARES


MIÉRCOLES 21 DE MARZO DE 2012

WATCHIE: UN RELOJ CON GPS PARA NO PERDER DE VISTA A NUESTROS FAMILIARES


La compañía suiza u-blox, fabricante de módulos y chips de posicionamiento inalámbricos, ha dado su tecnología de posicionamiento GPS-móvil CellLocate para LOSTnFOUND, una empresa con sede en Suiza especializada en soluciones inteligentes para la protección, control y recuperación de personas y bienes.
El Watchie fue anunciado en la 27 ª Conferencia Internacional de la enfermedad de Alzheimer en Londres. WATCHIE es un reloj de pulsera que aprovecha el sistema de posicionamiento integrado CellLocate LEON GSM y módulo GPS NEO-6 de u-blox.
Esta solución inteligentemente combina GPS por satélite y los datos de posicionamiento vía teléfono móvil para proveer posicionamiento universal, ya sea en interiores como exteriores.
Watchie está diseñado para las personas al cuidado de pacientes que necesitan saber dónde se encuentran a todo momento.
Esta solución permite a los cuidadores determinar la ubicación de una persona, incluso cuando las señales GPS son débiles o están bloqueadas completamente, como en el interior de los hospitales, centros de asistencia, garajes y centros comerciales.
WATCHIE funciona en 145 países gracias a su tarjeta SIM integrada. Es barato, flexible y fácil de configurar y usar. Las características incluyen botón de pánico que transmite los datos de posición al instante, alerta de zonas seguras programables que anuncia cuando el paciente está fuera de las áreas definidas, y un panel de control basado en la Web para la gestión de varias unidades.
Agradecimientos: geeksroom.com

Los adultos mayores activos vivirían más que los sedentarios


Posted: 21 Mar 2012 10:06 AM PDT
Por Andrew M. Seaman
NUEVA YORK (Reuters Health) – Un nuevo estudio aporta más pruebas de que los adultos mayores físicamente activos tendrían un buen estado de salud general.
En un grupo de 893 adultos de 80 años, los autores observaron que los mayores más activos tenían menos riesgo de morir en cuatro años que los participantes más sedentarios.
“Es otra prueba sólida de que los adultos mayores deberían realizar actividad física”, aseguró la doctora Catherine Sarkisian, directora del Consorcio Académico para la Investigación del Envejecimiento de la Comunidad de Los Ángeles.
Sarkisian, que no participó del estudio, dijo a Reuters Health que eso no prueba que el ejercicio prolongue la vida, sino que las personas suficientemente sanas como para hacer actividad física son las que viven más.
Aun así, sostuvo que existen las pruebas necesarias para sugerir que las personas más activas serían menos propensas a perder la memoria o a tener que ser institucionalizadas.
El equipo del doctor Aron Buchman, profesor del Centro Médico de la Rush University, en Chicago, evaluó durante 10 días el nivel diario de actividad física de adultos mayores de 70 y 80 años.
Los participantes usaron un dispositivo pequeño en la muñeca para registrar cuánto se movían durante el día. Luego, el equipo siguió al grupo durante cuatro años; un cuarto (212) murió en ese período.
Los adultos mayores más activos tenían un 25 por ciento menos posibilidad de morir en los cuatro años que los más sedentarios, según publica Archives of Internal Medicine.
Y esa relación entre la actividad física y la reducción del riesgo de morir se mantuvo aun tras considerar los problemas que habrían podido influir en la rutina física o la posibilidad de morir, como la capacidad mental, las enfermedades crónicas y los síntomas de depresión.
“Esto sugiere que aumentar la actividad, aun en el hogar, daría ventajas”, dijo Buchman.
Para Sarkisian, existe la idea de que los adultos mayores son demasiado grandes como para adquirir nuevos hábitos. Pero aseguró que la literatura publicada demuestra lo contrario.
“La actividad física es una de las estrategias más importantes con la que los adultos mayores pueden mejorar su salud para el resto de sus vidas”, aseguró.
Sarkisian sugirió que las personas mayores consulten en los centros locales si poseen programas de ejercicio o que conversen con el médico o un fisioterapeuta sobre qué pueden hacer. También existen programas personalizados para pacientes con limitaciones físicas, como los que utilizan silla de ruedas o pueden sufrir una caída.
Buchman consideró que también se trata de aumentar las actividades en la casa. “Si una persona puede hacer tareas suaves, que las haga”, sostuvo.


FUENTE: Archives of Internal Medicine, online 12 de marzo del 2012

martes 20 de marzo de 2012

Alzheimer y depresión se tratan demasiado tarde

Alzheimer y depresión se tratan demasiado tarde

Abunda la idea de que es natural y no hay mucho que hacer

Vida | 17/03/2012 - 00:32h
Ana Macpherson
Barcelona


El solapamiento de síntomas de una demencia y de una depresión en personas mayores de 65 años induce a menudo a una confusión de efectos perversos: dejan de tratarse la depresión o los primeros síntomas del alzheimer, lo que empeora la funcionalidad del paciente y su calidad de vida. "Se puede hacer mucho más", concluye el doctor Manel Sánchez, coordinador de la unidad de Psicogeriatría del hospital Sagrat Cor de Martorell.

En las jornadas sobre geriatría y asistencia primaria que acaba de organizar la entidad Germanes Hospitalàries, que agrupa a la mayoría de los centros de salud mental, se ha reclamado a la asistencia primaria una mayor sensibilización ante esta atención insuficiente. "El 15% de las personas mayores que sufren un episodio depresivo manifiesta síntomas que parecen una demencia depresiva, lo que provoca que se caiga en el error de diagnosticarlo como alzheimer, cuando solo con la administración de fármacos antidepresivos se eliminarían los síntomas", explica el doctor Manel Sánchez.

Y al revés: una persona mayor que por primera vez tiene un estado de ánimo deprimido, que pierde interés por su entorno, parece tener una depresión, pero también puede estar dando pistas del inicio de un alzheimer u otra demencia. No identificar cada uno de los problemas "perjudica a los dos procesos. El retraso empeorará la situación siempre", advierte el psiquiatra.

El alzheimer no tiene hoy un tratamiento curativo, "pero administrado al principio reduce el impacto de la demencia, permite al paciente mantener su funcionalidad más tiempo y contener los problemas de conducta".

La confusión entre ambas enfermedades es muy frecuente en la asistencia primaria, que es el principal nivel asistencial para las personas con alguno o ambos problemas. "Es un diagnóstico complejo", reconoce el psiquiatra, "que requiere utilizar más medios de los que ahora se suelen emplear, de pruebas de neuroimagen y analíticas a test neuropsicológicos y también apoyo de unidades especializadas". 

Pero también se denuncia cierto nihilismo tanto entre los profesionales como entre el entorno de los afectados que lleva a considerar que esto que le pasa ya es natural, que va con la edad, que hay poco tratamiento, que quizá no hay que ahondar. "Aunque se trate de enfermedades irreversibles, hay mucho que hacer y no hay que dar por quemadas las etapas, sino conocer mejor los recursos", anima Sánchez. La atención, hoy por hoy, llega tarde. "Y tenemos que saber que esos síntomas no son normales, aunque sean muy frecuentes". 
 procesos. El retraso empeorará la situación siempre", advierte el psiquiatra.

El alzheimer no tiene hoy un tratamiento curativo, "pero administrado al principio reduce el impacto de la demencia, permite al paciente mantener su funcionalidad más tiempo y contener los problemas de conducta".

La confusión entre ambas enfermedades es muy frecuente en la asistencia primaria, que es el principal nivel asistencial para las personas con alguno o ambos problemas. "Es un diagnóstico complejo", reconoce el psiquiatra, "que requiere utilizar más medios de los que ahora se suelen emplear, de pruebas de neuroimagen y analíticas a test neuropsicológicos y también apoyo de unidades especializadas". 

Pero también se denuncia cierto nihilismo tanto entre los profesionales como entre el entorno de los afectados que lleva a considerar que esto que le pasa ya es natural, que va con la edad, que hay poco tratamiento, que quizá no hay que ahondar. "Aunque se trate de enfermedades irreversibles, hay mucho que hacer y no hay que dar por quemadas las etapas, sino conocer mejor los recursos", anima Sánchez. La atención, hoy por hoy, llega tarde. "Y tenemos que saber que esos síntomas no son normales, aunque sean muy frecuentes".



La depresión puede ser un factor de riesgo de Alzheimer


La depresión puede ser un factor de riesgo de Alzheimer

Los trastornos como la depresión también presentan déficit de cognición, convirtiéndose en un factor de riesgo de esta demencia cada vez más extendida.

SOLAPAMIENTO
La depresión puede ser un factor de riesgo de Alzheimer
Trastornos como la depresión también presentan déficit de cognición. (Foto: N24)
Hechos de Hoy / Actualizado 19 marzo 2012
La pérdida de las funciones mentales es uno de los síntomas clave para el diagnóstico de la enfermedad deAlzheimer. Sin embargo, trastornos como la depresión también presentan déficit de cognición, convirtiéndose en un factor de riesgo de esta demencia. Este ha sido uno de los temas tratados en las III Jornadas de Psicopatología Clínica y Salud Mental, celebradas en Sant Boi de Llobregat y organizadas por la Congregación de las Hermanas Hospitalarias.

Los pacientes con Depresión en la Enfermedad de Alzheimer (DeEA) “presentan una mayor preservación de algunas funciones cognitivas, como la memoria de aprendizaje, y un deterioro más rápido en otras funciones como el cálculo”, según el estudio presentado por Joan Vilalta-Franch, psiquiatra del Instituto de Asistencia Sanitaria de Gerona. Por ello, el tiempo que transcurre entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico delAlzheimer es mayor en estos pacientes que en aquellos sin DeEA. “Este hecho puede explicarse porque hay tendencia a dignosticar primero de depresión cuando la sintomatología depresiva y cognitiva se solapan”, explica Vilalta-Franch.

La DeEA responde a un perfil de deterioro cognitivo específico, pero no existen datos suficientes respecto a si este perfil se comporta como causa o consecuencia de la depresión. Es por ello que “el funcionamiento cerebral debe contemplarse de una forma íntegra”, ha remarcadoVilalta-Franch.

Rescate del paciente en el proceso de recuperación
En la tradición médica, la recuperación de una persona con una enfermedad mental se ha asociado a la práctica desaparición de síntomas, secuelas y discapacidades derivadas, de modo que el paciente puede volver a la normalidad de su vida cotidiana sin precisar de cuidados específicos. En muchos casos, son los fármacos los que contribuyen a disminuir los síntomas, pero su consumo no es garantía de recuperación.

“En los últimos años, el predominio de la psiquiatría biológica, o más bien, de la psiquiatría centrada en el fármaco, ha hecho que la persona con una enfermedad mental pase a estar en la periferia del foco de atención y cobre valor como consumidor potencial de antipsicóticos y otros medicamentos”, ha criticado el Dr.Mariano Hernández Monsalve, jefe de servicio del Centro de Salud Mental de Tetuán (Madrid).

Según el psiquiatra, lo más importante en el proceso de recuperación es el “rescate” del paciente. Por ello, ha defendido el diseño de un método alternativo a las tradicionales prácticas asistenciales en el que se dé relevancia a los relatos en primera persona del enfermo: “La idea es dar un giro a las políticas de salud mental trabajando en un ensamblaje-integración entre recuperación clínica y personal, con predominio de esta última perspectiva”.

El Alzheimer y el olvido social: el caso de Lila



El Alzheimer y el olvido social: el caso de Lila



Lila, como muchas mujeres de su generación, dedicó su vida a sus dos hijos y su esposo. Fue motor del hogar, se destacó por su entrega total mientras fuimos estudiantes; en la etapa de casados participó activamente en el cuidado de sus nietos mientras ejercíamos nuestras profesiones y nos apoyó de diferentes formas. A pesar de provenir de una familia distinguida de La Calera supo acomodarse a la realidad  de un empleado público del SII. Sin embargo, como a miles de personas en Chile, la vida le dio un vuelco gigante, a ella y a nuestra famulia entera, a partir de la aparición del Alzheimer.
Los primeros signos, en el año 2004, fueron considerados cosas de la vejez. Sin embargo, muy luego, comenzó a dejar prendida la tetera, olvidaba cosas, hacía preguntas incoherentes que nos sorprendían. Con mi hermano Mario la llevamos a la consulta de la  doctora Andrea  Slachesvky. Pensábamos que estaba mal de la cabeza, que tenía alguna demencia senil. Vivía sola, mi padre había fallecido dos años antes. Teníamos claro que, en esas condiciones, debía vivir acompañada. Fue el primer problema que se nos presentó por recursos físicos y monetarios. A pesar de ser profesionales, no teníamos espacio en nuestras casas y estaba la problemática de quién se la llevaba.
La confirmación clínica de que padecía Alzheimer nos inundó con una gran tristeza. El resto de la familia no comprendió del todo lo que se aproximaba. Creo que yo tampoco sospeché lo que implicaría en mi vida futura. Y aún no sospecho lo que viene más adelante.
Al principio vivió en casa de mi hermano. Compartir la pieza con su nieto menor alteró la convivencia familiar y fue motivo para traerla a mi casa. Una de mis hijas la cuidó con mucho esmero y cariño. Pero al transcurrir los meses, su presencia alteró también la convivencia, obligándonos a repensar el problema. A esas alturas, tanto mi hermano como yo, teníamos claro que no podíamos tenerla por falta de espacio y tiempo para su cuidado.
Con el tiempo, Lila perdió completamente su independencia, transformándose en una madre y abuela dependiente. De ser una mujer que salía a la calle, realizaba compras, vitrineaba, fue transformándose en una mujer contemplativa, dedicando sus días a observar cómo otros vivían sus vidas. Y tal vez, sintiendo que molestaba.
En el año 2006 arrendamos un pequeño departamento amoblado en un barrio residencial de Providencia y contratamos una cuidadora libia, que ha sido clave en esta misión. Ella vive desde entonces con mi madre, y fue capacitada como enfermera por la Cruz Roja. Fue la mejor alternativa después de evaluar las casas de reposo.
Las dimensiones del olvido
La vorágine de los tiempos modernos lo consume todo, hasta los sentimientos. Estar lejos de las familias la distanció de sus nietos; hoy casi no es visitada. A veces pregunta por ellos, aunque se confunde respecto de quiénes son sus padres. Ella no se olvida de ellos, dice algo que cala los huesos: “yo me acuerdo de todos y todos se han olvidado de mí”.  En su mente, los hijos de mi hermano son los míos, y los míos, de Mario. Muchas veces me pregunta por mi hermano, cree que es joven y, cuando le informo de su esposa e hijos, se enoja y me dice “debieron avisarme que se casó, no me invitaron al matrimonio”.
La enfermedad y las relaciones familiares
Tener en casa una enferma de Alzheimer hacer reflotar frecuentemente los problemas no resueltos, latentes o en-larvados que tienen las parejas. Esta nueva situación casi límite pone a prueba los equilibrios familiares,  generando una causa más de las muchas existentes para desencadenar la crisis.
En el 60% de las familias afectadas por el Alheimer, sus integrantes quedan enemistados o sentidos porque alguno no cooperó o simplemente “se corrió” en aportar tiempo de cuidado o ayuda económica. Los reproches van y vienen.
Con mi hermano nos llevamos bien y compartimos la responsabilidad sin discusiones. No es fácil sostener los gastos mensuales y extras, ya que cada uno debe destinar una buena suma a sus cuidados.
En lo personal, lo que más nos consume es el tiempo que debemos dedicarle. Nos turnamos para cuidarla cada quince días. Tenemos hipotecados los fines de semana por medio. Y qué decir cuando hay  feriados.
Efecto en la productividad de los cercanos
Las estadísticas indican que en el 20% de las familias con un enfermo de alzheimer, un pariente deja de trabajar para cuidar al enfermo cuando no tienen recursos para contratar una cuidadora. El 100% de las cuidadoras termina con una afección sicológica; las familias que tienen al enfermo en su casa se afectan en su rendimiento laboral en un 60% aproximadamente.
Como ingeniero, calculé el efecto que provoca en mi productividad, y obtuve el siguiente cuadro, en la etapa primaria del Alzheimer. En los dos días de turno se termina tan cansado como después de haber estado con cuidando a un niño. Los días posteriores (lunes y martes) me recupero, pero rindiendo un 50% menos y con la concentración afectada sustancialmente.
Resumiendo:

dedicados al cuidado en turno/persona
trabaja al 50% en su trabajo normal/persona
Total días afectados/persona
Porcentaje afectados a mi productividad.
días/mes
4
4
8
27% del mes
Días/año
48 
48
96
26%  del año
(1)    No considera semanas que incluyen lunes y feriados distinto a las semanas normales(2)    Es decir ¼ del año se dedico al enfermo.
Si asumo los mismos datos para mi hermano, significa que en total se afectan productivamente 16 [días/hombre] y  192 [días/año] por enfermo. Los días destinados al descanso se ocupan trabajando en una labor estresante y cansadora. 
El cuidado en el amor
Cuando estoy con Lila, solo quiere estar cerca mío. Si no, está llamándome todo el rato “Yayo”, como ella me decía de niño. A veces necesito trabajar y concentrarme y ella insiste igual. Si llego a tenderme un rato para descansar o dormir la siesta, me despierta. Tiene la idea de que flojeo, y que debo ir a trabajar.
Por un tiempo, me relacioné con ella como si fuera una enferma. Hace unos dos años descubrí otra faceta. Tiene su dulzura, su encanto y sabiduría en los dichos (cosa curiosa, por cierto).Me reconoce, y eso es bueno, almuerza y toma té sola, solo hay que pasarle el azúcar o pan; afortunadamente controla esfínteres, debo llevarla al baño y asearla. No es cosa fácil para un hombre: se queja de que soy brusco. Incluso cuando limpio sus partes íntimas, me dice: -“No seas brusco, yo soy una dama, no una cualquiera”. Me alegran  sus salidas. Mantiene su genio y figura, como menciona el dicho popular.
Me encanta darle besos y especialmente los esquimales, con la nariz. Me dice: -“No seas cargante”. Le pregunto por qué la beso y responde: “porque me quieres”. Le pido me mire a los ojos para que su mente no olvide que la quieren, y que sienta el cariño a traves de una conexión fisica.
A pesar de su enfermedad, Lila exige sus cuidados especiales y mantiene su coquetería. Le encanta ir a la peluquería, teñirse el pelo, pintarse las uñas. Y cuando se da cuenta de que tiene sus canas a la vista, da explicaciones, disculpándose porque está fea y prefiere no salir a la calle.
Su vida es estar sentada en su silla de ruedas y mirar. No teje, no lee. Solo mira, ve  algo de televisión y conversa, si alguien está a su lado.
Algunos fines de semana va de paseo a la playa, muy en contra de lo que dicen los médicos de que no es adecuado sacarla de su hábitat; ella lo disfruta y goza mucho desde que se sube al auto. Se le ve feliz. Y lo que más me ha sorprendido es que razona y cuenta cosas emocionales que le afligen. Incluso concluye sobre asuntos del pasado, donde ella se daba cuenta de que molestaba. Todo eso me hace conectarme cada vez más con ella.
En el reciente año nuevo la llevé a celebrar con unos amigos a la playa. Fue una experiencia realmente bella. A pesar de que nadie la conocía, se ganó la simpatía con sus palabras siempre positivas a quien le preguntaba algo, alentaba a muchos que se supone son normales mentalmente.
Muchos de mis amigos la conocen desde cuando estudiabamos en la escuela de ingeniería. La quieren, respetan, visitan y toman once con ella. Es divertido, porque al llegar los saluda, si se cambian de lugar y ella los ve por el otro lado de su silla de ruedas, los vuelve a saludar y les dice: - “Oh, no lo vi llegar, como está Ud. A Ud. lo conozco, ¿verdad?”
El año 2010 se levantó sin la cuidadora, caminó solo con el bastón, se cayó y estuvo varios meses delicada en cama. Se quebró una mano, generó escaras y todo eso se complicó con una cistitis. Desde entonces, dejó de caminar y se mantiene en silla de ruedas. Cada día está más delgada y frágil. Tiene excelente salud, a pesar de sus 92 años.
Esa es Lila, mi madre. Desde hace 5 años, vivimos la pérdida de ella en un sentido figurado. La tenemos y no la tenemos. Nuestras vidas le pasan de largo, no las capta ni las retiene. Solo vivimos instantes en que ella se conecta a este mundo. Luego, se retira a su universo del olvido, nosotros, ¡imposible olvidarla!
Solo nos quedahacer intensos los momentos en que estamos con ella.
Le entregamos lo mismo que hizo ella con nosotros cuando éramos niños, pero ella lo hizo con mayor calidad, abnegación, cariño y afecto.
Así como Lila, hay aproximadamente 300.000 enfermos de Alzheimer en Chile, que afectan indirectamente a su núcleo familiar, estimado 1.200.000  personas. Muchas de ellas no pueden acceder a los cuidados adecuados, por esto es imperativo que este problema  sea asumido como otros países como una tarea del Estado.

Efecto Alzheimer: soluciones hoy para una crisis del mañana


Efecto Alzheimer: soluciones hoy para una crisis del mañana

En el Chile de hoy, los adultos mayores constituyen, en cantidad, más de la mitad de los niños menores de 15 años. Para el 2025 habrá tantos adultos mayores como menores de 15 años, y a partir de ese momento, la pirámide etaria comenzará a invertirse. Para el 2050, los mayores de 80 años serán más que los menores de 4. Realidad que obliga a tomar conciencia de cuáles son las políticas públicas que debemos priorizar para los adultos mayores.
 
El escenario demográfico actual es propicio al devastador efecto Alzheimer: a mayor esperanza de vida, mayor población de la tercera edad, con lo cual aumenta inexorablemente la cantidad de víctimas de un grupo de enfermedades que están entre las más temidas y, a la vez, las menos conocidas: las demencias y, en particular, la enfermedad de Alzheimer. En la actualidad, al menos 230.000 chilenos padecen de Alzheimer u otra demencia y constituyen la cuarta causa de muerte de la población chilena.
 
El desamparo de las personas afectadas vulnera no sólo el derecho ciudadano a una vida digna, sino que también impacta económica y psicológicamente a sus familiares, imponiendo además una fuerte carga socioeconómica a los sistemas de salud que deben hacerse cargo del tratamiento de esta enfermedad.
 
Además de la alta prevalencia, las demencias son unas de las patologías de mayor costo directo e indirecto. El alto costo indirecto se explica, entre otros, por las repercusiones del cuidado de un paciente con demencia sobre el núcleo familiar a través de un efecto de propagación: los pacientes con Alzheimer requieren de un cuidador y 9 de cada 10 de ellos son miembros de la familia del paciente, los cuales ven mermada su salud física, mental y capacidad laboral. Un 26 % de los cuidadores debe abandonar su trabajo para hacerse cargo de un paciente con demencia y  el 46% se insertaría en el mundo laboral si no tuviese la obligación de cuidar a un paciente.
 
Hasta ahora, en Chile no existe un programa con líneas de acción efectivas que garantice el derecho a una vida digna a los pacientes con demencias y sus familias, que facilite el acceso a la atención medica y a una red de apoyo socio-sanitaria.
 
La carencia de estrategias estatales, políticas y planes concretos de apoyo a la investigación, prevención y tratamiento del Alzheimer y otras demencias, impactará con creces el nivel de costos, carga médica y social de las futuras generaciones, originada por estas enfermedades. Estos costos crecen año a año, poniendo en riesgo la sustentabilidad del sistema de salud pública de nuestro país, con consecuencias que deberán soportar las generaciones posteriores.
 
En otros países esta urgencia socio-sanitaria ha sido exitosamente enfrentada mediante la implementación de Planes Nacionales para el Alzheimer y otras demencias. Pero en Chile, país que se ubica a nivel mundial dentro de las cuatro naciones con mayor porcentaje proyectado de población adulta, hemos dejado al abandono a los pacientes y su entorno. No hay planes claros ni estrategias definidas para enfrentar el desafío que representan el Alzheimer y otras demencias. Su implantación necesita que el Estado tome cartas en el asunto y, así como se ha hecho para otros tipos de enfermedades, como la esquizofrenia, se sienten las bases de un sistema de atención que asegure un tratamiento digno para los enfermos de demencia y un verdadero apoyo para sus familias.
 
Aún podemos enmendar el rumbo y trabajar en pos de un Plan Nacional de Alzheimer y otras demencias en Chile, construyendo las condiciones para que  las personas afectadas por esta enfermedad y sus familiares no vean mermado su derecho a la salud, su integridad y su dignidad, para que contribuyamos a generar el conocimiento indispensable para limitar el impacto de estas enfermedades y  para que fomentemos la solidaridad con quienes sufren las consecuencias del Alzheimer. Un Plan Nacional de Alzheimer y otras demencias sgnifica, en resumen, que como sociedad asumimos que pertenecemos a un cuerpo colectivo que no deja solo a quienes deben convivir día a día con el Alzheimer..
 
Como sociedad tenemos la responsabilidad de no dejar en el abandono a quienes contribuyeron a nuestro bienestar y ya no pueden velar por ellos, y de prepararnos al futuro implementando los programas que  permitan mitigar el grave problema estructural que podría generar al estado el aumento del gasto para atender el envejecimiento de la población y el concomitante aumento  de los casos de demencias. Sin duda, un número creciente de ciudadanos afectados directa e indirectamente lo agradecerá.
 
Firma por un Plan de Alzheimer y otras demencias aquí.
 
* Entrada escrita por Jorge Maturana y Andrea Slachevsky - Corporación Profesional de Alzheimer y otras demencias.

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